En el año 1300, Oslo se convirtió en sede del reino de Noruega. Desde su puerto los pequeños islotes que conforman el fiordo se divisan como lugares encantados, detrás de la niebla del río Aker.

Ciertamente, Oslo no es uno de los destinos más comunes para los viajeros venezolanos y no es tan común encontrarla dentro de los circuitos turísticos regulares de Europa. Sin embargo, es muy fácil llegar. En general, las líneas aéreas europeas que operan en Venezuela ofrecen conexiones desde sus aeropuertos base.

Una vez allí, es muy fácil moverse. La moneda oficial de Noruega es la corona y tanto en la estación de trenes y autobuses como en el aeropuerto hay casas de cambio. El noruego es un idioma nada sencillo, pero en Oslo el inglés es muy común.

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A las puertas de la estación central se extiende Karl Johans Gate, la calle principal de la ciudad inmortalizada en un cuadro de Edvard Munch. Lleva el nombre del rey que construyó el Palacio Real y que fue uno de los oficiales de Napoleón Bonaparte.

El turista inexperto puede recorrer muchos de los puntos importantes de la ciudad sin desviarse de ella. Pasa frente a la Catedral, edificada entre los siglos XVII y XIX, la impresionante Universidad de Oslo, fundada en 1811, y desemboca en el Palacio Real, todo sin una sola curva. Además, el tráfico automotor está restringido.

Caminando también se puede llegar a Vigeland Park. Allí se encuentran la fuente, el monolito, los 37 grupos de granito pulido y las 8 puertas de hierro. Sus figuras representan personas aisladas o grupos familiares y la mujer tiene una presencia evidente y especialmente importante.

La Fortaleza de Akershus, frente al río, se construyó en 1299 y se fortificó 300 años después para proteger a Oslo de los buques de guerra extranjeros. En ella se encuentran dos museos, para quien disfruta averiguando acerca del pasado de los lugares que visita. Sin embargo, un simple paseo por el puerto, oyendo a las gaviotas y sintiendo el frío de la niebla, es tanto más hermoso.